Política de corrupción

Cuando hablamos de gestión gubernamental en todos sus niveles, hacemos énfasis en las directrices que un determinado gobernante quiere impulsar en función de su plan de trabajo; por ello, en forma recurrente escuchamos: “políticas de salud”, “políticas de educación”, “políticas de seguridad”; entre otras. Muchos incluso hablan de políticas de Estado (que deben perdurar independiente del apellido del mandatario o del número o color de su partido). Sin embargo, lo único que ha perdurado en el tiempo y se ha multiplicado de gobierno en gobierno es la “política de la corrupción”; cuánta vigencia tiene aquella expresión del insigne lojano Dr. Ángel Felicísimo Rojas que, al ejercer como Contralor General de la República exclamó: “donde se pone el dedo salta pus”. Dice Antonio Negri: […] “La corrupción, no tiene nada que ver con la moral, ni tampoco se trata de una patología que pueda curarse, sino que es una parte estructural del sistema y puede resultar explosiva.” […] Y es verdad, nos está explotando en la cara toda esta estructura mafiosa de la corrupción.

Frente a esta dura realidad, cabe preguntarnos: ¿La corrupción es un fenómeno permanente, ubicuo e inherente a nuestra realidad humana y social, o es solo un hecho endémico susceptible de prevenirse y erradicarse? Si fuera lo último, quizá ya lo hubiéramos hecho, pero en el Ecuador, es ya… un hecho permanente:  ergo podemos decir que se trata de “una política de Estado” pues va creciendo de gobierno en gobierno. Inclusive, me atrevo a recitar el mensaje de Ayn Rand: […] “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes, sino con favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá́ afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.” […] Y quizá no estamos equivocados al afirmar que nuestra sociedad está condenada a vivir en medio de la corrupción institucionalizada; a llevar con vergüenza esta fase de metástasis que nos arruga el pecho y nos quita el aliento para gritar: “libertad”, “esperanza”, “dignidad”. Para que esto cambie les deseamos: …buen viento… y buena mar.

Lenin Paladines Salvador            

leninb14paladines@gmail.com

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