Queremos agua, es el clamor que se repite en cientos de hogares de varios sectores periféricos de la ciudad de Loja, que están sufriendo las consecuencias de los hundimientos y deslizamientos del terreno por donde pasa la tubería de transmisión, producto de las lluvias y lloviznas que han impedido ver el azul del cielo lojano.
Aunque todos sabemos que la falta de agua potable es recurrente, pero también es recurrente la despreocupación del municipio por darle solución a lo mejor definitiva a este mal crónico. Y es de advertir que, por el prolongado corte de agua, que de a poco se viene restableciendo, se está jalonando al pueblo perjudicado hacia la impaciencia y la protesta social; a pesar de que la UMAPAL está trabajando con horarios extendidos, pero se dificultan respuestas rápidas por el temporal que sigue abriendo más frentes en otros puntos cardinales de la ciudad.
En consideración a esta realidad cuya culpa salpica, el concejal Jhon Espinosa está proponiendo una salida, convertir mediante ordenanza a la UMAPAL en una empresa pública, encargada exclusivamente del servicio de agua potable a la ciudad de Loja, revisando el actual proyecto, mejorándolo con tecnologías, inclusive diseñando nuevos modelos tarifarios, hoy se viene pagando la tarifa de hace 27 años, tarifa que debe sincerarse para mejorar el servicio y exigir con mayor propiedad.
El proyecto de ordenanza entendemos sigue su curso legal, esperando que dicha alternativa, de ser viable, se la trate con ponderación en el tiempo con “pies ligeros”, porque sectores ciudadanos que ya empezaron a protestar públicamente tienen exigencias no sólo por la falta de agua, también por el ofertismo electoral y la pobreza de la obra pública municipal, manifestando que “no solo queremos agua potable sino una buena administración”. Una indirecta-directa para el alcalde Franco Quezada, que hoy enfrenta un segundo pedido de remoción.
Adolfo Coronel Illescas