La palabra caudillo viene del diminutivo latino caput, que significa «cabeza», «cabecilla», en definiciones académicos y populares el término evoca al hombre fuerte de la política, el más eminente de todos, situado por encima de las instituciones de la democracia formal cuando ellas son obsoletas, decadentes o en camino de extinción. El caudillismo y la institución democrática son elementos situados en los extremos de una línea ascendente de la evolución política en donde el primero sería el «más primitivo» y el segundo el «más desarrollado». Jorge Eliécer Gaitán, describe el pensamiento omnipotente que profesan los caudillos con esta frase: […] “Yo no soy un hombre, soy un pueblo» y «El pueblo es superior a sus dirigentes.” […] Los caudillos han sido un símbolo de poder y dominación que han trascendido la historia precisamente por su espíritu desleal de sojuzgación de los pueblos.
Ecuador vivió una época caudillista disfrazada de democracia, esa época estaba marcada por la vigencia de un falso socialismo que contaminó algunos gobiernos de América Latina, bajo el membrete de socialismo del siglo XXI; lo curioso es que el verbo rector de esa doctrina socialista era la pobreza, en particular de los grupos más vulnerables. Estos caudillos profesaban un mismo lenguaje, dice Rafael Correa: […] “El éxito de la izquierda es su propio fracaso, ¿Por qué? porque esa gente que la saca de la pobreza y se vuelve clase media, ya rechaza el discurso pre pobre, empieza a pensar como el rico, como el opresor.” […] Este discurso lo tiene Petro, Ortega, Maduro, entre otros. Ergo entre más pobres existan mejor capital político tendrán para mantener su camino de dominación y utilización de la pobre voluntad popular.
Antes Lenin Moreno, ahora Aguiñaga, Lloret, Salazar; entre otros altos dirigentes de la RC, han decidido recuperar su pensamiento crítico y usando la dialéctica, expresar su criterio, análisis y fundamentación respecto de lo que ha significado la democracia en nuestro país y reconocer que perdieron en las elecciones pasadas; y, lo hicieron por sus propios errores, su vanidad y egolatría; pues deben pasar la página y reconstruirse o marcharse como lo ha sentenciado Rafael Correa llamándolos “…traidores y que se marchen”. Ecuador debe empezar una nueva época democrática, basada en el respeto a la voluntad popular y en el compromiso de buscar el bien común para todos; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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