Tu miedo, mi miedo, el miedo…

¿Qué importancia tiene hablar del miedo?… Así lo conocemos y aprendemos a tenerlo, archivando esa información en una región del cerebro denominada amígdala, ubicada en el sistema límbico, que regula nuestras emociones y funciones de conservación, donde se detecta el peligro y desencadena el miedo, para entender que estamos genéticamente programados para sentirlo; el poema “Miedo Global” de Galiano, nos promete algunas referencias:

“Los que tienen trabajo tienen miedo de perder su trabajo y los que no, tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de que los atropellen.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.

Los civiles tienen miedo de los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas o de guerras.

Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión.

Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puso ser, miedo a morir y miedo a vivir…”

Para concluir en que, si bien el miedo nos esclaviza, la solución no está en evitarlo para superarlo, sino en enfréntalo para liberarnos.

Talía Guerrero Aguirre

talia.guerreroa@hotmail.com