El carnaval vino con un invierno fuerte y el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) lo pronosticó. Es que las autoridades nacionales y locales sabían con anterioridad lo que vendría.
Es necesario tener un plan de emergencia en los municipios, consejos provinciales o un plan de manejo territorial que dé pauta a una autoridad a saber lo que hará. En el Plan Operativo Anual (POA) hay presupuestos prorrogados y no cumplidos como agua potable, aguas residuales, alcantarillado, movilidad urbana, terminal terrestre, estudios, proyectos presentados, pero no ejecutados porque sus “asesores” ven hasta la orilla, luego exigen al Estado recursos.
Llegó el carnaval lleno de espuma, artistas complaciendo a una ciudadanía que solicita agua potable, vías limpias, pero más puede un artista y olvidarnos que no solo el cantón sufre, sino la provincia; cada autoridad ve lo que es conveniente: la espuma, los artistas o su labor que es su responsabilidad. El Ejecutivo obedece a la Constitución, a las normas anexas que toda autoridad debe respetar y los gobiernos parroquiales, los municipios y las prefecturas responden al Código de Ordenamiento Territorial (Cootad).
El pueblo eligió democráticamente a los miembros del Ejecutivo, Legislativo, del Gobierno Parroquial, municipios, prefecturas, concejalías para que cumplan su mandato. El invierno nos enseña que las autoridades están para trabajar y no para la espuma y los artistas. La educación nace en lo local, después en lo nacional y concluyó el carnaval.
Empieza una cuaresma llena de desastres, pérdidas de vidas humanas, vías destruidas, plantas de agua potable colapsadas, entre otros desastres, todo en medio del carnaval o el invierno.
Rodrigo Iván Cordero Espinosa
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