El domingo próximo los ecuatorianos acudimos a las urnas no solo para ejercer nuestro derecho al voto, a veces tan trivializado, sino para decidir nuestro futuro y el de los nuestros. Pero si en este tiempo, cuando nuestra República ha sido tan burlada y maltratada, no hemos cambiado nuestra forma de ver, asumir, entender y proyectar la política, y por ende nuestro comportamiento electoral, entonces seguiremos igual o peor. De eso no tengo dudas.
Es cierto que la política que se hace en el Ecuador asquea y es altamente vomitiva. Lo dice alguien que tiene muchísima inclinación por la política, de la buena por supuesto. Y es cierto también que los políticos nauseabundos que hemos tenido, con excepciones, han sido los responsables de aquello. Pero también los ciudadanos tenemos gran parte de la pesada responsabilidad de lo que hoy nos sucede, y que no es una cuestión menor… ¿Cómo explicar, por ejemplo, que un país con gran parte de su población pobre y de clase media, haya elegido un presidente extremadamente rico, que debe millones al fisco y que jamás ha sentido necesidad alguna? ¿Cómo explicar que dicho presidente en nuestras narices haya burlado la Constitución y las leyes para presentarse como presidente-candidato y hacer campaña presumiblemente con recursos públicos? ¿Cómo explicar tanta tolerancia con los abusos de poder que ha cometido en este periodo de gobierno tan corto? ¿Cómo explicar que sea uno de los más opcionados a seguir en la Presidencia de la República pese a haber aumentado la pobreza, el desempleo, la miseria, la inseguridad, la desigualdad, pese a no haber hecho ni una sola obra pública? ¿Cómo explicar que tenga apoyo popular cuando ha asaltado la institucionalidad del Estado y lo ha administrado como si latifundio suyo fuese? ¡Cómo explicarlo! Quizá podamos ensayar varias respuestas, pero la esencial estará este domingo en las urnas. Entonces lo discutiremos después.
José Luis Íñiguez G.
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