Alrededor del mundo miles de imponentes servidores informáticos registran con cuidado las acciones y las reacciones de varios millones de usuarios. Puntualmente las máquinas procesan esa información y los algoritmos correspondientes predicen exactamente cuál será el comportamiento del consumidor o la opción preferida por un elector. El destino de miles de millones de individuos se ha decidido en las juntas secretas de aquellos que controlan el poder político, el poder económico y las máquinas que se encuentran al servicio de esos poderes. El ciudadano de a pie, fatalmente, debe arrastrar la suerte artificial que se le impone.
Los dados que marcarán el futuro del Ecuador han dado su veredicto y todo parece indicar que el próximo gobierno se reduce a opciones autoritarias. El amanecer del nuevo año muestra nubes púrpuras de duelo y de tristeza. Una cancha vacía echa de menos los gritos y la alegría de cuatro niños que desaparecieron en la noche.
Mientras tanto, acorralada por un ejército de datos y de mentiras, la esperanza luce aterrorizada en un rincón oscuro, defendiéndose del desaliento ciudadano, de la credulidad, del quemeimportismo, en fin, del virus de la derrota que enferma el espíritu de los ecuatorianos. Y en el momento cumbre, cuando todo parece perdido, surgen dos palabras maravillosas: “es posible”. Todas las posibilidades de una vida mejor están ante nosotros, es posible vivir sin miedo, es posible un Ecuador con salud y energía, es posible cuidar la naturaleza, es posible disfrutar de la cultura, es posible que la honestidad no sea castigada, es posible que los corruptos dejen las posiciones de poder. Una vida verdadera puede ser una realidad cuando decidamos que somos dueños de nuestros destinos y que podemos rebelarnos contra las imposiciones, contra las mentiras diarias, contra la dañina resignación política. Cuando lo decidamos será posible.
Carlos García Torres
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