Los apagones, producto de una crisis energética originada en gran parte por la inoperancia de la derecha nefasta que nos gobierna en los últimos años, no tiene ningún aspecto positivo, a no ser porque me ha obligado a leer y leer a la luz del fuego y, producto de ello, a una especie de reencuentro obligatorio con los diccionarios físicos, que no habían sido consultados desde hacía años, dada la facilidad que ahora brinda internet. Y entonces he recordado mi época colegial, porque los conservo desde entonces, cuando mi padre me los compró siendo aún estudiante secundario. Se trata de una edición literaria a cargo de José Alemán, publicada por ESPASA en 2010. Confieso que, pese a la incertidumbre y frustración que me genera no contar con energía eléctrica para mis jornadas lectoras, este reencuentro con mis diccionarios ha sido lleno de nostalgia, y también una oportunidad para dimensionar la utilidad, necesidad y belleza de los diccionarios y de los libros físicos, que para mí son y serán irremplazables. Pues quizá había perdido la costumbre de recurrir a los primeros, considerando que cuando palabras desconocidas me asaltan, es muy sencillo consultar su significado a Alexa, la asistente virtual de Amazon, o recurrir al diccionario en línea de la RAE.
Pero esta circunstancia también me sugiere insistir en la necesidad imperiosa de tener siempre un diccionario a mano, que esté disponible. ¡Vaya compañeros generosos que son! Más aún en estos tiempos cuando carecemos de energía eléctrica por largas y tediosas jornadas y, como consecuencia de ello, de internet. Porque ni siquiera los datos móviles sirven.
En definitiva, sin que ello implique romantizar la triste situación que atraviesa esta burlada República, no ha sido solo aleccionador recurrir a mis diccionarios tangibles, de papel, sino emocionante, confirmándose una vez más que los libros son un atisbo de esperanza y luz espiritual en medio de las tinieblas a las que nos han condenado los mercaderes y sátrapas de la nación… ¡Diccionarios, libros… benditos alicientes, artilugios para superponerse a la oscuridad, necesario alimento para la mente y el alma!
José Luis Íñiguez G.
joseluisigloja@hotmail.com