El Banco Central del Ecuador, hace pocos días, realizó un ajuste hacia la baja sobre la proyección del Producto Interno Bruto (PIB) para el año 2024. La nueva estimación establece un crecimiento de apenas el 0,9%, lo cual habla de un estancamiento del aparato productivo nacional. Organismos internacionales como el FMI y Banco Mundial incluso prevén una variación menos optimista, con guarismos que van entre el 0,1% al 0,7%, respectivamente.
Este sombrío escenario no puede ocultarse. Así, por ejemplo, el Servicio de Rentas Internas (SRI) reporta que la recaudación neta nacional entre enero – agosto 2024, sin considerar valores adicionales, muestra una reducción del 3,17%, al comparar igual periodo de 2023, con ingresos menores en algo más de 297 millones de dólares, todo esto, pese al incremento en 3 puntos porcentuales del IVA.
Esto último es significativo destacar ya que resultó previsible (incluso para un estudiante de los primeros años de la escuela de economía) que, al subir impuestos, y más uno de carácter regresivo, impacta en el consumo interno y con ello se afecta negativamente a una demanda efectiva ya bastante deprimida, lo cual deriva en un crecimiento económico insuficiente, con menor capacidad de absorción de mano de obra y de empleo adecuado / pleno, profundizando los niveles de pobreza y desigualdad.
En resumen, no se ha resuelto nada de los graves problemas que agobian al país. Hablamos de la creciente inseguridad que mantiene en vilo a la sociedad, de la falta de empleo, del estancamiento económico, de la corrupción galopante, de una migración irregular incontenible que fractura a diario la estructura familiar, con consecuencias sociales ciertamente graves, etc.
El Ecuador real va más allá del pincel que dibuja una república de los utópicos.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion