La resiliencia, entendida como la capacidad de sobreponerse a la adversidad y continuar avanzando, se trona un vocablo ideal y clave para la realidad actual que visiblemente se refleja en una sociedad cada vez más agitada y marcada por actos de violencia, un entorno político convulso y la persistente sombra de la corrupción que no solamente soslaya en la confianza institucional, sino que también afectan el tejido social del país, provocando incertidumbre y desasosiego.
Es precisamente en estos momentos poner a prueba la resiliencia para afrontar de manera mesurada, pero con tesón la áspera atmosfera que rodea nuestra sociedad que se debate entre la violencia, manifestada en el incremento de la criminalidad y los conflictos sociales. Las otrora calles de Ecuador, que alguna vez fueron símbolo de la pacificación y vibrante vida comunitaria, hoy se han convertido en escenarios de miedo y tensión creando cada vez más zozobra y pánico ciudadano.
El entorno político del Ecuador es otra arista que atraviesa por un periodo de alta volatilidad. La polarización y los constantes cambios en el liderazgo han debilitado la estabilidad institucional, generando desconfianza y apatía entre los ciudadanos; no obstante, llegó el momento para apaciguar esta turbulencia, a través de la resiliencia, como acción verdadera de las comunidades para organizarse, protegerse mutuamente y reclamar espacios seguros a través de iniciativas solidarias para alcanzar un sistema más transparente y participativo, a través de un diálogo y consensos colectivos
La resiliencia se manifiesta en la lucha incansable de periodistas, activistas y ciudadanos comprometidos con la transparencia y la justicia. La fortaleza de una nación se mide no solo por los desafíos que enfrenta, sino por la capacidad de sus ciudadanos para resistir, denunciar y buscar la verdad, cooperando juntos para terminar con la corrupción y empezar a erigir un país más íntegro y prometedor.
Sybel Ontaneda Andrade
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