Aunque la sociedad ecuatoriana trate de encontrar el remedio para sus males, el antídoto parece no existir. Los problemas del día a día no tienen solución, la delincuencia, la corrupción y el crimen organizado institucional, no dan tregua ante cualquier acción; sin duda, los desaforados tienen peso en las estructuras de la sociedad, sin importar la condición económica; si analizamos el asunto, las actividades afines a mentes distorsionadas son comunes, en calles, plazas e instituciones públicas, sumándose a estás, parte del sector privado, por su nivel de competencia desleal, que también es corrupción, y no hablo por un supuesto, los invito a indagar los hechos.
Al carecer de verdaderos líderes políticos y de instituciones serias, el ciudadano cree que puede hacer lo que le venga en gana, un soborno soluciona cualquier impase, en cualquier institución; los compadrazgos son la Macedonia de las frutas en las instituciones, sin importar si existe o no capacidades, funcionando a la perfección desde el más pequeño ente gubernamental, hasta el más alto ¡por así decirlo!, es decir, ni ejecutivo, legislativo, judicial o de control, se salva, y si se dice algo, los privilegiados echarían lágrimas de dolor en su defensa. Indudablemente existen excepciones, en su mayoría sobre el tapete.
Votar por cualquier fantoche, nos ha puesto en este sitial, improvisados, furcias, solapadores (as), pandilleros y comadrejas hacen y deshacen de las leyes, y hasta las modificarlas por conveniencia.
Según la encuestadora Ipsos, tan solo un 5% de la población tiene confianza en los políticos, no dudaré, que en la mayoría de las opiniones hay intereses; es decir, 95% de los ciudadanos no creen en los doctos públicos, ni en sus auspiciantes, lógico, no se sintonizan con la ciudadanía. Lo lamentable, que los ecuatorianos pierden muy pronto la memoria y vuelven a elegir a las alimañas y sus secuaces.
Pablo Ortiz Muñoz
acuapablo1@hotmail.com