Diferentes episodios de actitud ilícita delincuencial, se difundieron en los últimos días y que mantiene en zozobra a la ciudadanía lojana: primero fue el atraco a una entidad financiera, luego a un local de venta de celulares, más tarde un frustrado intento a un local comercial, y un largo etcétera de acciones de esta naturaleza que realmente preocupan.
El problema tiene que ver con todo lo que está ocurriendo en el mundo con la pandemia que, lejos de verse superada, aún se mantiene latente con gran letalidad. Ecuador no es la excepción. Esta situación trajo consigo severos problemas económicos, por la cuarentena y la pérdida de puestos de trabajo. Quedó mucha gente sin empleo y con necesidades apremiantes de supervivencia para sus hogares.
Desde luego, esto vino a incrementar las conductas delincuenciales, bastante comunes en nuestras ciudades, sobre todo en Guayaquil y Quito, y que ahora ha extendido su accionar por todas las ciudades del país, con notoria presencia en Loja, ciudad, antes, bastante tranquila.
El gobierno nacional y los gobiernos seccionales se han preocupado por esta situación y, a través de sus autoridades, han tomado correctivos inmediatos: a Guayaquil se envió un contingente de 500 efectivos policiales y a Quito un número casi similar, a parte de la colaboración de las Fuerzas Armadas en acciones específicas, para velar por la seguridad de sus habitantes. Sé que en Loja, la Gobernación, ha tomado también cartas en el asunto y que un número que supera los 350 policías velarán por nuestra seguridad.
Lo que más preocupa, aparte de los robos que se están suscitando en nuestra ciudad, es la violencia con la que actúan los antisociales, utilizando armas letales para someter a sus víctimas. Esperamos que el esfuerzo de las autoridades y de las fuerzas del orden, actúen de forma tan responsable y ponderada de manera que no tengamos que lamentar hechos que podrían ser irreparables. Entonces, a cuidarnos del Covid19, y ahora también de la delincuencia.