Capítulo nuevo

Siempre he admirado la manera de estructurar una novela por parte de los grandes maestros de la literatura. Y es la forma de estructurar cada capítulo la que me ocupa ahora.

Primeramente, el hilo conductor del capítulo se mantiene en las ideas, en los episodios, en los lugares y en el tiempo en que ocurren los hechos, presentando así una narrativa lógica, compacta, en la que no hay nada de más ni nada de menos. No hay nada fuera de lugar.

Por otro lado, no se regresan atrás para repetir lo que ya han dicho y producir, de ese modo, un estancamiento del relato. Y si lo hacen, es para encadenar las acciones con el presente y con el futuro, si el caso lo amerita.

Luego nos muestran escenarios actuales, los mismos que se encadenan con el pasado, pero que van a tener una importancia grande en lo futuro. De esta forma, la idea principal de un capítulo se encadena con las ideas principales de los capítulos anteriores y posteriores para dar lugar a una idea total de toda la novela. De alguna manera, nos impulsan a pensar en posibles resoluciones del relato.

En todo caso, aunque haya ciertos elementos agoreros que pretendan señalar pistas más o menos ciertas, siempre nos proporcionan un margen de incertidumbre para lo inesperado. Pero he notado que siempre nos proponen un tinte de esperanza. Voy a proceder así al terminar este año, como la culminación de un capítulo que se acaba y viene la iniciación de uno nuevo. Trataré de no caer en los desaciertos cometidos. No volveré la vista hacia los daños que he recibido y que me han inquietado y perturbado mi espíritu en vano. Más bien voy a escudriñar aquellas sendas que me han prodigado el bien y a seguir la ruta que propone el corazón, llevando siempre la impronta de quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Con un gran tinte de esperanza.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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