
El sufrimiento psíquico cada día aumenta en nuestra sociedad, una causa de ello es por la implementación de necropolíticas (Mbembe, 2011). Frente a esta situación presentamos la dialéctica para afrontar el sufrimiento que propone (Díaz, 2022) en su libro Esperanza y desesperanza: “Invocación-sanación. Afrontar el sufrimiento desde el vocativo. Toda debilidad se traduce en peticiones directas o indirectas de auxilio. Pero el pobre, el enfermo, a veces ni se atreve a pedir, por miedo, por soberbia, por experiencias negativas anteriores. O pide de forma indirecta: ¿y si se ríen de mí, y si pierdo mi aura? Genitivación-sanación. El vocativo pide un genitivo receptor de ese vocativo. Quien necesita beber busca una fuente, un de dónde del que advenga el cariño, la nutrición, el afecto. El humano no crece maduro sin alguna clase de amor entregado a él alguna vez por alguien. Por eso uno no descubre la madurez de su existencia en el cartesiano y egocéntrico yo pienso luego yo existo, sino en el soy amado luego existo. Y por eso sanar es entregar el cariño gracias al cual los enfermos puedan y logren re/generarse en el génesis del genitivo. Donación-sanación. Dativo de espacio, y mejor dativo de tiempo, sanar es pasar del genitivo al dativo al don permanente en el per/dón. Hacerse dativo, don nato, donativo, afianzarse en el don que infunde vida es hacer medicina. Donato. Hacerse dativo, don nato, donativo, hay más alegría en dar que en recibir. Ablativo-sanador. Medicina: especialización en con-jugar en toda circunstancia sin acepción de personas, hacer de la vida entrega. Nominación-sanación. Y cuando se ha ejercido el ablativo con modestia, el amor es el nombre de la persona. Somos al final el nombre con que somos sanados y con que nos dejamos sanar. Diáconos y diaconisas. Contra el acusativo. Acusar no es sanar.”
Jorge Benítez Hurtado
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