
Cuando obramos con ética, nuestras acciones siempre estarán orientadas a hacer el bien o en su defecto, a cooperar con el bien o hacer el mayor bien posible; tal como lo planteara Argandoña (1994). Y es que la ética tiene que ver con el obrar diario de las personas, de ahí que cada individuo puede tener una valoración ética frente a sus acciones, configurándose como “mejor o peor persona”. Desde el ámbito profesional, la ética constituye la columna vertebral de una organización, establecimiento, empresa, región o país, ya que será la que mantenga el orden en todos los aspectos. Pero además de enfocarnos en temas de productividad, la ética genera una interacción positiva en el entorno, mayor confianza y compromiso laboral de todos quienes forman parte de una sociedad y ambientes de paz.
Hoy que se avizora un nuevo ambiente electoral en el país, es preponderante como ciudadanos, enfocarnos en los mejores perfiles de los futuros candidatos a cargos de elección popular, en donde prevalezcan los valores y no los antivalores, vicios o prácticas corruptas; en donde se respete el derecho a la libertad, a la verdad, a la no violencia; y bajo el contexto de la ética, en donde se desechen las campañas sucias, basadas en rumores o insinuaciones. Si bien la democracia nos asegura la participación de los ciudadanos y la posibilidad de elegir y ser elegidos, en ocasiones ciertas campañas electorales promotoras del barullo y desconcierto, no nos encauzan a una elección responsable, ante ello es necesario analizar como decía el Padre Juan Roger que “si la física no contemplara la ética, habría más bombas de Hiroshima, lo mismo que si a un político le faltara la ética tendríamos resultados catastróficos.” Que la identidad, la ética y la memoria sean los aspectos que nos guíen para actuar con base a la razón en el futuro de nuestra Patria.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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