Pese a que los procesos de producción, distribución y consumo de alimentos son relevantes, no hay una representación equitativa de estos temas en los medios de comunicación, o por lo menos, no desde un sentido de sustentación. Lo frecuente es encontrar información comercial de dietas “saludables”, alimentos pre cocidos o de comidas cuyos ingredientes principales son los excesos de azúcares o carbohidratos. Más aún, la alimentación o la ausencia de ella ocupa un lugar discreto, frente a las tensiones políticas y sociales.
Lamentablemente, en América Latina ocurren cambios negativos, se sustituyen los alimentos naturales por los procesados, se pierden paulatinamente las capacidades de auto sustentación en cada país. La cultura culinaria, la diversidad de granos, frutas y verduras son sustituidas por todo tipo de comidas fabricadas.
En marzo de 2023, el Banco Mundial reportó que los precios de los alimentos son altos en todo el mundo, es decir, no se satisfacen las necesidades energéticas diarias para llevar una vida activa y sana. De continuar las tendencias recientes, crecerá el número de personas afectadas por el hambre. Es necesario actuar rápidamente para proporcionar alimentos y ayuda humanitaria.
Por lo referido, se necesitan regulaciones e incentivos estatales, por ejemplo, para orientar la publicidad de la “comida rápida” dirigida a niños y niñas; pero, de fondo, el problema no es que las personas desconozcan lo que es bueno o malo para su alimentación. La dificultad es que hay menos opciones e inflaciones de precios persistentes, entonces, tienen que comprar comida barata, así se fuerza una malnutrición. Además, la comida agroecológica es cara, no está al alcance de las mayorías, por ello es importante que los Estados fortalezcan la agricultura campesina e indígena de manera descentralizada, entonces la población tendrá acceso a alimentos vernáculos, naturales y a precios bajos.
Abel Suing
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