A pocas horas de los comicios del domingo 5 de febrero los jóvenes integrantes del grupo etario conocido como mileneales, y que representa más del 30% del padrón electoral nacional, padecen de apatía política.
¡No votaré por ningún candidato, sus propuestas no tienen identidad! Es el pensar de jóvenes lojanos, olvidando que la responsabilidad del ciudadano va más allá del voto, que es necesaria su participación directa en la vida cotidiana, en una política de inclusión permanente y no aquella que se activa cada dos o cuatro años. Al respecto conviene repetir lo dicho por el papa Francisco a millones de jóvenes en Brasil, a quienes les pidió “meterse en la vida, no mirarla pasar desde el balcón, ser protagonista del cambio, interesarse por la política y los problemas sociales y no dejarse ganar por la apatía”.
En el caso de Loja, la indecisión de un gran sector de jóvenes en este proceso electoral, no solo es por el más grande aluvión de candidatos ocurrido en el país, que sin respeto alguno se han hecho políticos a la fuerza. Lo es también porque no hay forma de asegurar un Cabildo distinto, que recupere su prestigio con gente capaz, preparada, que conozca la función a desempeñar. Está prohibido escoger nombres y personas entre listas, el voto es por todita la lista, y allí nos jodimos, a elegir concejales a ciegas. Sin embargo, para cumplir el deber cívico, practicar y defender la democracia y la libertad, hay que ir a las urnas.
Por supuesto. Hay que ir a las urnas para con nuestro razonado voto, en particular el de los jóvenes, evitar ser cómplices de que Loja escoja al candidato equivocado, que al amparo del populismo vaya a la alcaldía y ponga en riesgo el bien ganado prestigio de ciudad culta, intelectual, que ha colmado de orgullo a la Gran Nación Pequeña de Benjamín Carrión.
Hay que ir a las urnas a elegir bien y, luego, darnos todos el abrazo de lojanidad.
Adolfo Coronel Illescas