Desde 2015 a esta fecha, la endeble democracia de Ecuador se ha visto constantemente amenazada, con peligro de golpes de Estado, en la actualidad al haberse incrementado la crisis social, política, económica y la pugna de poderes entre Legislativo y Ejecutivo, de no paliarse a tiempo estos inconvenientes desembocarían en el derrocamiento del presidente Guillermo Lasso Mendoza.
Recordemos que en la época del expresidente Correa confluyeron una serie de problemas que generaron incertidumbre política en torno al futuro de la Patria. La insatisfacción ciudadana se hizo sentir a través de masivas jornadas de protesta en contra de múltiples reformas legislativas del oficialismo. El gobierno respondió con llamados a la confrontación y a la defensa de la «Revolución Ciudadana», con la intervención policial, que en repetidas veces terminó en detenciones arbitrarias, polarizándose las fuerzas políticas en dos bandos irreconciliables, que tanto daño hicieron a la democracia.
Hoy en día la difícil situación económica en la que se debate Ecuador ha puesto en evidencia las contradicciones del modelo económico que mantienen en forma superlativa la pobreza y la desigualdad, hay que agregar a aquello la carga tributaria impuesta que ha acentuado la miseria y ha golpeado en forma dura y cruel a los grupos vulnerables de jubilados, ancianos, clases media y baja, al igual que a los pequeños comerciantes, artesanos y trabajadores.
El declive de la popularidad del Presidente Lasso y su actitud dubitativa para tomar decisiones están pasando factura al mandatario que se muestra complaciente con el correísmo, dejando intacto el sistema estructural impuesto por su antecesor, lo cual lo está llevando a cavar su propia tumba. Los connacionales que eligieron al señor Lasso, hoy se sienten decepcionados, traicionados y hasta fracasados porque los ofrecimientos de campaña no se cumplen, excepto la vacunación contra el Covid-19.
Luis Muñoz Muñoz