¿Los pueblos se merecen el gobierno que tienen?

Hace muchos años tuve una profesora que era un ejemplo de alguien excesivamente responsable. Nunca llegaba a tiempo al colegio, sino que llegaba temprano, antes de las 07h00. Sus clases comenzaban a la hora exacta y terminaban en el segundo exacto. Durante los recesos de clase, siempre estaba dispuesta a recibir a estudiantes que requerían más explicación. Aun así, en mitad de su jornada se ausentaba exactamente 1 hora. Salía del colegio, tomaba un bus, que la dejaba a pocas cuadras de su casa en donde debía preparar el almuerzo de sus hijos y de su esposo. Acabada esta tarea, salía de su casa, tomaba otro bus y regresaba al colegio para completar su jornada normal.

Más tarde regresaba a su casa para almorzar con su familia. Descansaba por una hora y caminaba a otro colegio en donde daba clases por la tarde, hasta las 18h00. A esa hora regresaba a su casa en donde el trabajo de ser madre y ama de casa la esperaba con paciencia. Preparaba la cena, ayudaba a completar las tareas escolares de sus hijos, limpiaba y ordenaba, para caer rendida a las 22h00.

Cuando un candidato se le acerca a una persona como ella y le promete un mejor futuro, mejores condiciones laborales, un alza a su salario, más tiempo para compartir en familia. ¿Es culpa de ella creer o tener esperanza en ese candidato? ¿O acaso después de su jornada de trabajo de 15 horas debería ponerse a estudiar economía y política, para no ser engañada?

En el mundo en que vivimos, tener tiempo de hacer reflexiones sigue siendo un privilegio.

Alex Samaniego

alsv@hotmail.es