Desmemoria violenta

Hay ciertas categorías de la discusión social y política que van siendo blanda y progresivamente reemplazadas para agotar su contenido o para hacerlo más útil al capitalismo. El día del trabajo es hoy un feriado más. Se le vació de todo componente histórico, reivindicativo, pero también de su condición de clase. Todos quienes trabajan prefieren ya no llamarse a sí mismo trabajadores. Hay una semántica que apela al olvido, y toda memoria que se diluye, es sinónimo de despolitización, de golpe al músculo que provoca el movimiento consciente en el mundo de la vida política que todos habitamos.

Los imaginarios vendidos como única vía a eso que llaman ‘éxito’, lograron que los trabajadores sientan no solo deseo de ser como ellos, sino que sientan cada vez, que su lugar en el mundo es indecoroso, propio de quienes no aspiran o no sueñan. Los barrios obreros fueron también discriminados, ubicados en la periferia de la ciudad, con el pretexto aquel del ornato, de la sanidad, de la limpieza racial de los centros urbanos.

A los trabajadores, a esa clase que lo único que tienen, como decía el viejo Marx es la fuerza de su trabajo para ser vendida, han sido golpeados por las nuevas condiciones laborales que les imponen desde la siempre ‘correcta’ lógica empresarial. Son silenciados en el concierto de discusión nacional; nadie está dispuesto a escucharlos por su propia condición: la de trabajadores. Eso provoca que nadie quiera llamarse como tal porque no están a la altura del ‘exitismo’ social que es una fórmula de darwinismo social anacrónico.

No olvidemos que la riqueza deviene de esa fuerza de los trabajadores, y que sin ellos todo futuro es precario.

Pablo Vivanco Ordóñez

pablojvivanco@gmail.com