Como recordaremos, mediante la suscripción del Acta Presidencial de Brasilia, por parte de Ecuador y Perú, quedó resuelta de manera definitiva las diferencias fronterizas existentes entre los dos estados, abriendo con ello la posibilidad de alcanzar el progreso de estos dos pueblos hermanos, con base a la confianza mutua que se deriva de una paz duradera.
De hecho, en uno de los puntos de este acuerdo amplio se consideró trabajar en ‘…la Estructura Organizativa del Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza; los Programas del Plan Binacional de Desarrollo de la Región Fronteriza; y, la Estructura Organizativa del Fondo Binacional para la Paz y el Desarrollo’.
Si bien, luego de casi 24 años de este entendimiento, se ha avanzado en algunos puntos de este acuerdo de paz; no obstante, siguen pendientes por abordar con mayor decisión y compromiso político los temas de cooperación y desarrollo, considerando que, precisamente, los pueblos fronterizos fueron los que más soportaron los efectos negativos de un largo y desgastante diferendo limítrofe.
De ahí que son bienvenidos los encuentros presidenciales y gabinetes binacionales que se realizan a fin de dar el debido seguimiento a los principales puntos incluidos en la agenda de la relación bilateral, como fue lo ocurrido últimamente, en la ciudad de Loja, con la presencia de los presidentes Guillermo Lasso y Pedro Castillo.
Pero para ir más allá de la simple declaración de buenas intenciones que animan a las autoridades y con la que a veces se elaboran melifluos discursos, hay que pasar al plano de lo concreto, es decir, tomar decisiones y asignar los recursos para su efectiva implementación. Solo así, los ejes temáticos como infraestructura, conectividad, producción, comercio, inversión, turismo, etc., tendrán avances significativos.
Es hora de mirar a la frontera.
Giovanni Carrión Cevallos
@giovannicarrion