La mascarilla llegó a convertirse en un dispositivo de uso diario, un mecanismo de defensa con el cual nos sentimos seguros al salir de casa, cubrir una parte de nuestros rostros era un hábito que en un inicio nos incomodaba, la gran mayoría intentamos hacer un uso responsable, sin embargo, ello no evitó que un elevado porcentaje de la población mundial nos contagiemos de COVID 19, develando la fragilidad de la especie humana ante otros organismos con los que cohabitamos en el planeta.
En Ecuador, incluso antes de que el Comité de Operaciones de Emergencias o COE, establezca la no obligatoriedad de uso de la mascarilla en espacios abiertos y cerrados, ya observábamos personas sin mascarilla ¿Irresponsabilidad ciudadana? ¿Exceso de confianza? o ¿Escepticismo?
Considero que, para precautelar la posible aparición de nuevos contagios masivos, es fundamental que cada COE cantonal de manera particular, precise las medidas sanitarias que conminen al uso responsable de mecanismos de cuidado y protección. No obstante, es importante recordar que la mascarilla no debería ser vista como un medio de protección individual, sino de protección social y comunitaria.
Convivir con virus y bacterias que, con la continua degradación de los ecosistemas y con el cambio climático, se acercarán más al ser humano, debe ser injerencia para la toma de decisiones dentro de los mecanismos estatales de prevención, entendiéndose que está en nuestras manos, evitar propagaciones descontroladas de microorganismos.
Benjamín Ludeña
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