Un gobierno que no enfrenta la problemática del país en la que se vive, con racionalidad, manejo y control de la fuerza pública. Un gobierno que no se deja ayudar, que no escucha, o que no pide ayuda en aquello que no conoce, es irresponsable. Tan irresponsable como una oposición, como una ciudadanía que busca, alienta, o espera su fracaso, que cada día se levanta esperando que el gobierno cometa un error más, un tropiezo más. Ambos son irresponsables.
Una posición partidista sana, no es restregar los errores del gobierno de turno y nada más, ni tampoco hacer nada y decir ¡allá el gobierno es el que tiene que decidir! Lo primero no te habla de construir país, te habla de construir partido. No defiende el interés ciudadano, defiende el interés particular. Lo segundo, no te define como seguro de tu individualidad sino como un asocial y egoísta con la comunidad.
Que el gobierno es culpable, diría que no, pero sí absolutamente responsable de lo que sucede, para eso buscó el poder, para eso hizo campaña. Que el ciudadano tiene la culpa, diría que no, pero si es parte de esta sociedad y debe asumir una posición cívica de ver salidas al oscuro callejón que parece cada vez más nos adentramos.
¿Qué se debe esperar de un político? Contribuir a pesar de no estar en el poder, pero jamás buscar el fracaso de un representante pues ello supone, al menos en este sistema democrático representativo, el fracaso de una porción de población, de una manera de pensar y en última instancia del país. ¿Es entonces que se busca que una verdad prevalezca a pesar de la destrucción del país? ¿es entonces que queremos que el país se hunda, para decir antes estábamos mejor? La indignación es válida, todos hemos criticado, pero estamos en un punto sin retorno, que, si la indignación no la volvemos propuesta, sino medio para ganar una elección, ni si quiera quedará estado en el cual se lleven elecciones, sino un reducto de lo que alguna vez fue Ecuador.
Pablo Ruiz Aguirre
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