En esta era en donde la tecnología nos ha facilitado el trabajo y nos ha permitido obtener más información en menor tiempo, también nos ha creado falsos espejismos, por no contrastar la información, haciendo que las emociones sustituyan el razonamiento.
Es así que, muchas veces para parecer intelectual en vez de leer un libro y buscar una cita, se lo hace directamente en internet y a veces se comenten errores.
Por ejemplo, cientos de personas citan a Cervantes al decir: “cuando los perros ladran Sancho, es señal que avanzamos” y como no leyeron el Quijote, no saben que la frase no está en el libro ni le pertenece a Cervantes.
También, en inicios de la pandemia se le atribuyó a la novela la peste de Camus la frase : “Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso” ,aunque encaja para el momento; la frase no está en el libro, ni pertenece al autor.
Así sucede en todos los campos, en donde “intelectuales digitales”, hablan de datos estadísticos, leyes, incluso medicamentos, que encontraron fácil y rápidamente en internet, pero que como no contrastaron, no son ciertos.
Los falsos intelectuales o profesionales digitales, (sin satanizar lo digital que es una herramienta muy importante), van tomando decisiones erradas por la distorsión de la información que consumen y afectando a todos.
Para no caer en esta paradoja, si no se tiene acceso a todo el entorno, al menos se debe contrastar la información que consumimos y generamos.
Santiago Ochoa Moreno
santiago_ochoa_2008@hotmail.com