Una de las definiciones que la Real Academia Española, RAE, tiene para la palabra paz es: “… situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países…” Medios de comunicación y redes sociales, de uno y de otro bando, informan sobre eventos relacionados con financiamiento armamentístico, sanciones económicas, número de muertes civiles y militares, número de refugiados, ampliación de guerra a otras latitudes. Esta información y los últimos eventos sucedidos en el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia nos muestran que estamos muy lejos de esa definición de paz. Hasta ahora, ninguno de los involucrados en este evento ha tratado seriamente el tema de la paz. No es posible que haya diálogo de paz cuando uno de los involucrados solicita miles de millones de dólares en armamento; un segundo financie y entregue ese armamento; y, un tercero tome medidas económicas que afectan a personas ajenas al conflicto. ¡Los diálogos de paz han sido una pantomima!
Lo que me sorprende (peripatetismo) es ¿por qué hay guerras?, ¿por qué hay conflictos personales? Mi respuesta: (a) porque nuestros afectos y defectos humanos no nos dejan acercarnos amistosamente a los demás; (b) porque no reconozco que los demás también son personas; y, (c) porque antepongo mi instinto de felicidad. Gandhi dijo “sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Si queremos paz en Europa y en otras partes del mundo, no seamos parte de ningún conflicto; procuremos dar amistad y paz a los que tenemos cerca, a nuestros prójimos. El Premio Nobel de la Paz es una distinción conferida a la persona que promocione los procesos de paz. En nuestras familias, con nuestros amigos, en nuestros trabajos, tenemos muchísimas oportunidades para ser galardonados con ese premio; busquemos diariamente ese premio. Recordemos las palabras del Papa Francisco ¡No nos acostumbremos a la guerra!
Richard Serrano Agila
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