Un arcoíris en blanco y negro

Hacer dinero a costillas de familiares, vecinos o compañeros de trabajo, “apostándole” a pirámides o esquemas Ponzi, solo desnuda una triste realidad de la sociedad en la que nos hemos convertido. Esa sociedad llena de políticos corruptos, de servidores públicos ineficientes, de ciudadanos que invaden las ciclovías, de aquellos que se salta la fila o hacen alarde de su “viveza criolla”.  La causa sigue siendo la mismo: intereses mezquinos e individualistas, donde la prioridad sigue siendo el yo, y no el resto.

Es la misma sociedad que involuciona cada día, donde se estigmatizan a los y las feministas, al protector del medio ambiente o al que lucha en contra de las injusticias; entonces podemos afirmar sin temor a equivocarnos que estamos sufriendo un déficit de empatía, que nos impide pensarnos como un todo social que necesita de los demás, de todos y cada uno, para salir adelante. Esa “crisis de empatía” a una escala sin precedentes, Bauman la describe como un proceso de fragmentación de la vida humana: las sociedades individualistas no priorizan el bienestar de la comunidad y, de esta manera, incrementan la desigualdad social.

Si queremos realmente superar los gravísimos problemas sociales a los que nos enfrentamos hoy en día en nuestro país, debemos trabajar nuestra empatía. La capacidad de conectarnos con los demás, de sentir lo que sienten, de preocuparnos por ellos y de actuar con compasión es clave para la vida en sociedad.

Sé que muchos estarían de acuerdo conmigo en la necesidad de crear una nueva sociedad, pero diferimos en algo: esa sociedad sana, justa, responsable y honesta debe ser para todos, no para una élite.

Andrés Sigcho

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