Desarrollo socio afectivo

Sin lugar a dudas, la familia es la institución a la que en mayor medida le corresponde brindar apoyo emocional y estabilidad psicológica a sus hijos, pero el problema es que cada vez lo hace con mayor dificultad, porque por lo general, ambos padres están dedicados al trabajo, en muchos casos falta uno, tienen pocos hermanos y hay menor presencia de la familia extensa. En el hogar se carece del tiempo que demanda la buena comunicación afectiva y no se comparten ni tiempos, ni actividades. Pero ¿Qué podemos hacer familia y escuela juntos? ¿Qué papel deben cumplir los docentes para fortalecer el desarrollo socioafectivo, la resiliencia y las competencias éticas de los estudiantes?

Es necesario por ejemplo leer a tiempo la depresión crónica que puede tener el niño, el joven; su angustia y soledad. La pregunta es: ¿en qué momento puede la escuela, el colegio, la universidad darse cuenta de la tristeza de un niño, un joven, si en las aulas casi solo hay tiempo para el conocimiento y la interacción con los estudiantes es muy reducida? La pregunta es: ¿qué profesor puede ver las crisis emocionales de sus estudiantes si los contenidos académicos no dejan tiempo a lo emocional y lo afectivo? La pregunta es: ¿a qué horas se habla de uno mismo o de los otros, si las clases inician con cálculo a las 7 am y culminan con programación a las 8 p.m.?

No les enseñamos a los niños y jóvenes a comprender a los otros, a leer los gestos o la tristeza infinita que puede describir una mirada. Los profes estamos demasiado concentrados en enseñarles a los educandos a programar algoritmos, pero no a conocerse a sí mismos o a comprender a los otros. A alguien se le ocurrió hace años, que es más importante el cálculo infinitesimal que reconstruir los hitos de su autobiografía o construir sus proyectos de vida. Y ese error lo seguimos cometiendo en la mayoría de las clases, de casi todas las carreras y en casi todos los colegios y universidades. No hay duda, estamos equivocados en nuestras prioridades educativas y hemos enviado lo emocional y lo afectivo a la “tierra del olvido”. La pregunta ahora es: ¿qué podemos hacer? Cambio y fuera.

Richard E Ruiz O

richardruiz.45@gmail.com