El cuarto eje vial es el proyecto emblemático más importante del acuerdo de la paz firmado entre Ecuador y Perú, en 1998. Las poblaciones fronterizas pusieron mucha fe en el proyecto de desarrollo e integración binacional. La explotación del potencial agropecuario y minero del sector generaría cuantiosos recursos al país. Sin embargo, el sueño fronterizo de contar con una vía que integre Loja-Valladolid-Palanda-Zumba y la Balsa en Perú aún sigue en ciernes y en tortuosa espera del poder central.
Más de dos décadas el gobierno central no ha tenido la diligencia política y financiera para saldar la deuda pendiente con los pueblos hermanos de frontera. Desde 2010 se han invertido alrededor de 300 millones de dólares en la construcción del primer tramo y mantenimiento del eje vial. Pero, como los intereses depredadores de las empresas mineras multinacionales no “engrasan” la voluntad de los funcionarios del MTOP, entonces tampoco hay apremio en la culminación del eje vial. Actualmente la vía es un camino a la muerte. Los continuos desprendimientos de rocas, socavones y crecentadas de quebradas dejan una vía desfigurada que ponen en riesgo el tráfico vehicular.
Existe un crédito aprobado por el BID de 144 millones de dólares para la construcción del segundo tramo. Este tramo tiene que ejecutarse en los plazos previstos. Caso contrario se producirán los consabidos reajustes de precios que terminarán incrementando estratosféricamente los costos de la obra. Para ello, es importante la conformación de una veeduría ciudadana interprovincial que observe y sugiera adecuados procesos de contratación y ejecución del proyecto vial. Con respecto a los asambleístas, no hay que dejarles que metan la mano. Tienen serias deficiencias. ¡Calladitos se ven mejor!
Yubor Santín Guerrero