La declaración universal de los deseos del hombre

La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1 948. Desde entonces se la ha considerado como una declaración básica aceptada por todos, hasta el punto de que algunos países la han tomado como base para dictar su Carta Magna.

Pero los seres humanos estamos acostumbrados a sinrazones. ¡Y qué mejor sinrazón que cambiar el concepto de derecho por el concepto de deseo! ¡Y que el deseo sea la medida de todas las cosas!

He aquí unos ejemplos: una madre desea matar a su hijo en el vientre porque encuentra muchas sinrazones para hacerlo. Entonces, qué mejor que ese deseo se convierta en derecho y, luego, en ley.

Un hijo desea que se muera su padre que está enfermo para obtener la herencia que lo ayudará a pagar sus deudas. Entonces, qué mejor que hablar de una “muerte digna” y proponer el derecho a matarlo “para que no sufra más”.

Alguien desea tener sexo a como dé lugar. Entonces, qué mejor que proponer una ley para que nadie le niegue la posibilidad de realizar hasta una violación para que sus deseos no sean conculcados.

Un político desea enriquecerse a cualquier costa. Entonces, qué mejor manera que una Asamblea conceda la amnistía a Barrabás, con la sinrazón de que la Asamblea tiene la potestad de hacerlo.

El deseo de acabar con alguna religión que no se profesa, permite quemar lugares de culto y perseguir a quienes piensan diferente.

En fin, las siglas de la Declaración de los Derechos Humanos (DUDH) continuarían siendo las mismas… (Declaración Universal de Deseos Humanos), con una mejora de sinrazones pocas veces vistas en la historia.

La pregunta que nos hacemos es, entonces, ¿quién es el que ha fallado para que los deseos se confundan con derechos?

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com