Imagina que planeas salir de viaje, tomas tu celular con la confianza de que la red de comunicación funciona y procedes a llamar un taxi a través de una aplicación, la misma que te informa el nombre del conductor y que llegará en tres minutos. Cumplido el plazo el taxista te envía un mensaje indicando que está esperando afuera, él tiene la confianza de que tú estás en esa ubicación y que saldrás en seguida. Al llegar a tu destino, cancelas y tomas el siguiente vehículo de transporte que te llevará a tu destino definitivo, te embarcas, y compartes el viaje con otro pasajero que, luego de una corta conversación ha resultado ser un amigo de tu familia.
Este escenario de la cotidianidad está lleno de pequeños actos de confianza. Solamente imagina que pasaría si no fuese así, si al intentar usar tu celular la señal está caída, si el taxista te lleva por una ruta que no es, te da un billete falso como vuelto, al embarcarte en el siguiente vehículo, te echas una siesta, y al despertar no están tus cosas y menos tu compañero de viaje. Viviríamos en medio del caos ¿verdad?
Es por eso es que la confianza tiene un poder intrínseco cuya ausencia nos haría dudar cada paso.
Lastimosamente hoy en día la industria mediática, acude a este tipo de recursos para seguir siendo rentables, es decir, nos venden miedo y desconfianza. Eso erosiona nuestra cohesión social, volviéndonos seres desconfiados.
Necesitamos construir señales de confianza. Si llegamos puntuales, si mantenemos nuestra palabra, si somos capaces de ejecutar nuestros compromisos con o sin el arbitraje de un tercero, si decimos la verdad. No cambiaremos al planeta, pero al menos el mundo a nuestro alrededor sabrá que somos personas en quien confiar.
Marlon Tandazo Palacio
@MarlonTandazoP