La Asamblea Nacional ha sido desde que se creó la República, el blanco de todo tipo de críticas y es la Institución sobre la que han caído todo tipo de culpas en el acontecer político nacional.
En los momento más álgidos y candentes de la historia de nuestro país, siempre ha estado la función legislativa y es de esperar un descontento general cuando no se analizan las circunstancias ni los intereses que hay detrás de aquellos que organizaron la Republica como tal desde 1830.
No es extraño que mientras para ocupar muchos cargos de la administración pública se pida una infinidad de requisitos y estudios por parte de los aspirantes, para la Asamblea Nacional no se exija absolutamente ninguna obligación de rigor. Entonces a la Asamblea generalmente van quienes no tienen una preparación adecuada para asumir tan alta responsabilidad. Tenemos personajes que han sido legisladores durante toda la vida y que nada han aportado como tales al país, en otros casos ha habido legisladores que a duras penas saben leer y otros que ni siquiera saben cuál es la responsabilidad de la A. N.; excepto dejar pasar leyes en detrimento de los ecuatorianos.
Es muy cómodo echarle la culpa a la Asamblea cuando no nos damos cuenta de que esa Entidad fue creada para que funcione exactamente como funciona ahora y como ha funcionado siempre. Al ser la Entidad en donde se crean las leyes, es obvio que las élites necesitan de gente vulnerable por usar un término educado para que den paso a sus mezquinos intereses.
Al no tener ninguna preparación lo asambleístas, la clase económica se aprovecha para aprobar leyes a su conveniencia valiéndose de la ingenuidad de éstos en unos casos y en los casos más comunes recurriendo al hombre del maletín. Entonces hipócritamente el Gobierno se indigna porque la Asamblea haya amnistiado por ejemplo a supuestos terroristas, pero se complace cada vez que la A. N., deja pasar leyes que favorecen a un minúsculo grupo económico en detrimento de todos los ecuatorianos.
Hever Sánchez Martínez
@Hever_Sanchez_M