Paradojas del mundo informado

La proliferación de medios tradicionales y no convencionales de comunicación, no es una casualidad. La información ha sido siempre un puntal del poder, lo que supone que esos medios sean también un poder en sí mismo.

En elecciones, se dice, gana quien tiene mejor información de la población: qué le gusta y que no, cuándo se siente tranquila e insegura, por dónde le gusta transitar, qué le gusta comer, qué quiere escuchar todos los días, etc. Pueden manejar a su arbitrio el tiempo de ocio de la gente, y pueden sembrar ideas que la gente jamás imaginó.

Nunca como hoy el mundo tiene tantos mecanismos de informarse de lo que sucede en el mundo. Las crisis destapan una olla donde se cuecen criterios de todo tipo. Sin embargo, en ese reino de abundante información, la desinformación campea sin que los desprevenidos consumidores advierten sobre ella.

Se desinforma cuando no se plantean contextos que permitan mirar al problema desde el campo mismo en que se desenvuelve.

Se desinforma cuando se escucha a falsos expertos que plantean su reflexión desde un visor que apunta a un solo escombro sin mirar la cantera completa.

Se desinforma cuando se sataniza por ser el otro, y cuando se diviniza por ser los míos.

Se desinforma cuando se informa de manera parcial, y cuando informan lo real pero condicionalmente.

La gente tiene una sobresaturación de información que termina repitiendo la idea que ha consumido en su medio de preferencia. Ya no discute razones propias sino ajenas, ya no piensa, ni reflexiona, solo repite el mantra de su nueva iglesia.

Pablo Vivanco Ordóñez

pablojvivanco@gmail.com