A cada monaguillo su platillo

Primero, la pugna de poderes entre los libertadores y los libertados, entre los liberales y los conservadores; luego la erupción de los volcanes junto con las guerras con los vecinos; las botas fascistas y los nacientes zurdos criollos; el feriado bancario y la comelona de la década feriada; y encima de todo eso, la pandemia del covid-19 y su respectivo confinamiento. ¿Cuál mismo fue peor?

Si usted se ubica a la derecha verá un nueve, por el contrario, desde la izquierda dirá seis, y así nos papeamos los doscientos años de vida democrática de esta antigua isla de paz o como dijera el que se fue, el Tigre de América.

Muchos añoran el colectivismo primitivo en lugar de este asfixiante modelo neoliberal, da la impresión de que la ambición por el poder desequilibró la balanza comercial al igual que la balanza de la justicia. Nadie hizo nada y si lo intentó fue silenciado de mil maneras.

Uno de los últimos males, el covid-19, abrió aún más la brecha de la desigualdad entre ricos y pobres. “La pandemia impactó desproporcionadamente” dicen hasta creer que “la brecha es cada vez más amplia entre los que no tienen casi nada y los que ya no saben ni qué hacer con tanto dinero”. Yo diría que este malestar fue una pandemia de relumbrón para los realmente millonarios y billonarios.

Esta isla de paz no será destruida por las catástrofes naturales sino por los malos gobiernos. Así ha sido pronosticado.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre