Certeza

En una reunión social, disfrute de una conversación placentera con un grupo de distinguidos amigos, sobre algunos tópicos de la política. De pronto uno de ellos dijo:

Saben que Juan (nombre ficticio) ha adquirido un vehículo de alta gama; y, me cuentan que lo ha conseguido con el producto de las caimas que ha recibido en la entidad en la que presta sus servicios.

Un momento – respondió uno de ellos- ¿tienes evidencias de lo que estas aseverando?

No. Solo lo escuche, replicó el sujeto.

Entonces- refuto uno de ellos- si no tienes el conocimiento seguro y claro, no hay la certeza de lo que acabas de murmurar.

Todos sabemos que este tipo de rumores o chismes, muchas de las veces sin fundamento alguno y con intensiones dañinas, han hecho y están causando mucho, muchísimo daño a sinnúmero personas.

De ahí que, los individuos que quieran generar alguna opinión y/o hacer una denuncia de un hecho, deben siempre apoyarse en datos concretos, comprobados y sobre todo y ante todo con certeza, es decir, con convicción, seguridad e incluso con evidencia de lo que se sabe es, evidentemente, verdadero y por supuesto que excluya toda duda razonable y sería. 

Esta concepción de la certeza, señores, como instrumento constructivo debe hallarse siempre presente en todas nuestras actividades y ser la guía de nuestras vidas, en procura que la “verdad verdadera”, considerada el valor de más alta jerarquía, sea nuestro norte y la línea más recta que oriente nuestra conciencia.

Para ahogar la mentira y fortalecer la verdad, Dios fabricó el sueño. Y esa quimera la podemos y debemos hacer realidad para alcanzar nuestra ilusión.

Desde lo más profundo de mi corazón. Eso nada más.

Jaime A. Guzmán R.

jaimeantonio07@hotmail.es