Un duro golpe de acervo dolor ha sentido la familia lojana por el viaje inesperado, imprevisto de Jorge Bailón Abad, alcalde de Loja, quien se nos fue a esperarnos allá donde la muerte es esperanzadora. La tristeza es inevitable y el dolor también, cuando alguien muy querido se nos va. Y pienso que se nos fue por el camino que él construyó con talento y virtudes, como político, hombre público, profesional, escritor y como gran humanista. Trabajó hasta el último de sus días en procura de que esta Loja sea para todos. Él tenía una fe en el nuevo día, una esperanza en cada noche.
Su muerte nos sorprendió, pero él sabía que lo triste no es la muerte, cuando se deja un florilegio de recuerdos útiles en tierra fértil, para recoger del alma del pueblo lojano gratitud imperecedera. La muerte se transforma en luz al tocar a los buenos hombres que nacieron para bien de sus semejantes.
Los grandes episodios de un pueblo se deben al vigoroso estimulo de sus autoridades. El alcalde Bailón con experiencia, sabiduría, transparencia y temple de acero, ayudó con sus grandes acciones a compartir el camino y la esperanza que Loja se merece. Invitando a la vecindad a realizar esfuerzos diarios, como alternativa para vivir, triunfar y progresar con dignidad. Por eso al evaluar sus mejores recuerdos habremos de hallarlo en los desafíos y la responsabilidad pública, donde hizo lo posible y lo imposible para desplazar la espera de un pueblo que echó a volar sus esperanzas.
Para consolarnos, digamos que su plan de obras y proyectos se respete, no se detenga, que continúe, para no recoger, después de muerto, los añicos de aquellas esperanzas de la gente que hoy ha compartido con dolor el fallecimiento de quien sin terminar de servirla. Se nos fue. Dejemos que descanse en paz.
Adolfo Coronel Illescas