Desde los colores majestuosos en el atardecer de la vida, y en pleno ascenso del sol hacia el crepúsculo de la noche, quiso alcanzar con sus ideas, sus planes y proyectos, la equidad y solidaridad para su pueblo; o quizá, agradecer por las horas vividas.
Al caer el alba de este amanecer gris y sombrío, carente del trinar de la guitarra, decidió volar, emprender en un vuelo horizontal hacia el infinito… hacia la plenitud de la eternidad, y lo logró, se marchó, dejando su huella indeleble en el corazón de los lojanos.
Una lágrima trémula selló el silencio de un día sin retorno, y un colibrí en raudo vuelo, dibujó la partida hacia la eternidad. Hoy quedamos aferrados a la soledad de su silencio; pero nos anima la dulce espera de la eternidad; porque la tregua del más allá no tiene dolor ni rencor; no mira con desprecio la debilidad del pecador, sino que abre sus manos y su corazón fortalecido… a la espera del reencuentro final.
Jorge Bailón Abad, decidió partir de la vida terrenal, se fue, se marchó con sus velas rotas y su barca maltrecha… para alcanzar una nueva morada; una isla donde el viento es el alimento del amor, y las flores el paraíso de la vida celestial.
Ahora, nuestro camino será largo sobre el mar de los anhelos; navegaremos con miedo y sin la brújula de sus sabias enseñanzas. El futuro será incierto y la tromba de la desventura del destino, será el norte que se dibuje en las primeras horas de su partida; desde el lugar en el que se encuentre, provea para todos: …buen viento …y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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