Joseph Conrad, el gran narrador de aventuras, tiene un cuento especialmente interesante que se llama “Mañana”. Trata en definitiva de las esperanzas que ponemos en ese nuevo día que está por venir pero que en realidad nunca llega. En nuestra diaria realidad se busca justificar los abusos e injusticias de hoy por la búsqueda de un futuro dorado de prosperidad compartida. En estos momentos, nos dicen, es necesario dar estímulos impositivos a los más ricos y para ello todos debemos sacrificarnos, pero mañana, sí, mañana, la riqueza, como un brillante maná, caerá desde las alturas oligárquicas hasta empapar a todos los desposeídos. Hoy debemos pagar inexorablemente a los tenedores de la deuda externa y para ello debemos limitar los beneficios sociales, pero mañana, gentes de poca fe, mañana redistribuiremos la riqueza y seremos los fieles servidores de la justicia social. Por ahora debemos eliminar los préstamos educativos, pero con la mano en el pecho y bajo palabra de honor, mañana sin falta nos ocuparemos en serio de que todos puedan acceder a las aulas. Es necesario que ahora limitemos los derechos laborales, solo para superar estos malos momentos, pero mañana habrá trabajo para todos. Tal vez hoy debamos entregar a manos particulares el seguro social, pero con toda seguridad mañana los afiliados tendrán mejores servicios porque los que van a comprarlo son cariñosos filántropos de anchos corazones que no piensan en su propio lucro sino en el bienestar de los afiliados. Y así escuchamos a todas horas en la radio y en la televisión que empolvadas figuras de yeso, tan tiesas y gastadas que parecen haber estado un siglo en los púlpitos de la función pública, nos piden votos contantes y sonantes hoy, para devolvernos, ¡mañana sin falta!, un dichoso porvenir de fantasía.
Carlos García Torres
cegarcia65@gmail.com