Mientras los días pasan suenan con fuerza los tambores de guerra en Europa en torno a la crisis entre Rusia y Occidente en relación con Ucrania, recordándonos los peores episodios de la guerra fría. El Kremlin tomó una peligrosa decisión al otorgar el reconocimiento de independencia de las regiones rebeldes de Donetsk y Luhansk de Ucrania profundizando aún más la grave crisis internacional, las tensiones son cada vez más recurrentes y explícitas, con actores como Estados Unidos y el bloque europeo expectantes y preparados para responder con graves sanciones económicas o por la fuerza en caso de una mayor escalada del conflicto que por lo visto está muy lejos de llegar a su fin.
Las aspiraciones rusas de retomar su papel como potencia hegemónica en el mundo añorando la era soviética toman fuerza con las demostraciones de poderío militar que han sido divulgadas por el Kremlin. Por otro lado, la concentración de fuerzas militares rusas en el norte, este y sur de Ucrania dan una clara señal que las aspiraciones prooccidentales de su vecino ucraniano son una amenaza tan grave para su seguridad nacional que estarían dispuestos a librar una guerra a gran escala para evitar que la república exsoviética de ese paso. Otro punto para el análisis es la expansión de la frontera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que desde su creación de cierta manera ha ignorado las preocupaciones de seguridad rusas, si recordamos que en la guerra fría la frontera que separaba a occidente y la Unión Soviética pasaba por Berlín.
El reconocimiento de los territorios separatistas en Ucrania podría considerarse como una violación al derecho internacional acabando con los acuerdos de Minsk y un atentado a la soberanía e integridad territorial ucraniana, a pesar de que la población en esos territorios en pro-rusa en este momento del conflicto está decisión podría ser el pretexto perfecto y determinante para el inicio de acciones bélicas.
Santiago Pérez Samaniego
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