Antes del año dos mil la mayoría de películas, novelas y series contenían mensajes significativos que el ser humano asimilaba y adaptaba a su forma de ser. Se distinguía entre el bien y el mal y la programación que contenía otro tipo de mensajes era censurada, o simplemente se transmitía en horarios en los que los niños y adolescentes descansaban, es decir después de las nueve de la noche.
Con el desarrollo inconmensurable de la tecnología toda la información, buena o mala, está en la red internet y llega en forma inmediata a cada dispositivo personal.
Para los niños y adolescentes la televisión ya no existe, no conocen que es un noticiero, no saben que es una biblioteca y no les gusta leer e informarse. Esa influencia masiva y aceptada en las familias, a mi juicio ha generado que las personas traten de emular lo que observan en las películas o en las series de plataformas digitales que han reemplazado a la televisión, como por ejemplo la famosa plataforma Netflix, en la que observamos con toda disciplina y rigurosidad capítulo por capítulo y temporada por temporada, la casa de papel, serie en la cual apoyamos y queremos a los delincuentes que imprimían papel moneda en forma “legal” puesto que lo hacían desde la casa de la moneda. En la serie los malos son los policías, las mejores investigadoras e implacables policías se convierten también en delincuentes, claro, lo hacen por amor y por eso resulta aceptado. Como ejemplo de lo señalado, en un lugar apartado de Saraguro se vivió el operativo “casa de papel” en el que se detuvo a personas imprimiendo papel moneda. Una serie de la vida real en mi querido Saraguro.
Manuel Salinas Ordóñez