Comunicar las catástrofes

La tragedia reciente ocurrida en el aluvión que afecto a barrios de Quito conduce a revisar sus orígenes relacionados con la gestión administrativa y los controles de riegos, así mismo a examinar las formas de comunicar lo sucedido.

Si en algo se pueden anticipar y mitigar los impactos de los desastres debería actuarse de inmediato, pero luego de que la agenda informativa cambia y se atienden otros acontecimientos la formación de capacidades para convivir en entornos frágiles disminuye.

Se señaló en los medios de comunicación y en las redes sociales que existían antecedentes que debían condicionar la planificación urbana y los procesos de mantenimiento rezagados que podían derivar en conflictos de alta afectación, como aconteció.

Fruto de análisis de anteriores catástrofes provocadas por causas naturales se conoce de la mínima disposición para llevar políticas de prevención, las razones están en la premura de lo cotidiano, lo oneroso de las inversiones en equipos y la débil acción de los órganos públicos de regulación, al final las consecuencias son mayores de cualquier presupuesto.

Además de las circunstancias institucionales es evidente, como en otros escenarios, la necesidad de continuar formando a las audiencias como receptoras críticas para que sepan discriminar entre opinión e información, puedan identificar la importancia de aportar con datos y mantener siempre la mirada en las personas, en la humanidad, como el fin de la comunicación.

Hoy son los habitantes de La Gasca y La Comuna quienes muestran la urgencia de trabajar, desde la comunicación, con previsión y dignidad para avanzar a una relación armónica entre las personas y la naturaleza sustentada en valores y derechos, como se reconoce en la Constitución.   

Abel Suing

arsuing@utpl.edu.ec