Probablemente los lojanos ya no recordamos los tonos de la balada de un chivo, cabra o cabrito y menos su presencia en la carretera o en la plaza de Catamayo, donde era parte del paisaje y su carne materia prima para un exquisito seco o un chivo al hueco.
Sin embargo el chivo ha sido motivo de una transitoria noticia. En las haciendas ubicadas en las inmediaciones de la Reserva La Ceiba del cantón Zapotillo hay centenares de caprinos. También en Cazaderos y Mangahurco, donde se come el auténtico chivo al hueco, además se acopia la leche para la famosa natilla de Zapotillo.
Es decir, el protagonismo de este animal continua al menos en los pueblos fronterizos con el Perú, donde abundan los felinos como el puma que asecha al ganado caprino, poniendo en serios apuros a los ganaderos, cuyo conflicto con la fauna salvaje crece y amenaza con la desaparición del chivo y por supuesto el plato típico, del que solo quedaría el hueco y esos alegres vehículos llamados chivas y también las del Beatriz.
Por ventaja científicos e investigadores de ONG’s ejecutan un plan de “ojos falsos”. Pintar ojos en los alrededores de la cola de los chivos que simulan están siendo observados en constante alerta ante los depredadores; método que parece está funcionando, porque el felino que siempre ataca por la espalda cree que es observado, se confunde, no ataca y cae en el truco.
Pensamos entonces que el equipo de la casa de gobierno debería aprovechar el método de “ojos falsos” para sofocar tanto relajo que nos tiene ya en la nuca (léase corrupción, inseguridad, narcotráfico, sicariato). Y para vigilar a cuanta fauna política y más depredadores que no salen de su metro cuadrado ideológico y tempranamente se oponen a la creación de oportunidades que procuren los retos que exige el país.
Adolfo Coronel Illescas