¿Violencia solo en Afganistán?

En estos días hemos escuchado y leído noticias sobre Afganistán y el desorden establecido en su territorio, provocado por grupos de poder internacionales (OTAN, liderada por EEUU) y nacionales (principalmente los Talibanes). Ante esto, no voy a opinar sobre su realidad porque soy consciente del proverbio indio que dice: «¡Oh, gran espíritu, no permitas que opine del caminar ajeno hasta que haya caminado muchas leguas en sus mocasines!». Hay una hipertrofia de lo comunicativo sobre la realidad afgana (mucha información basura, «opinólogos» y periodistas que nos atiborran de información editada, producida y lo que es peor postproducida) que está causando una atrofia de la cultura personal. Para no incurrir en este juego doxástico, lo que me interesa resaltar es una realidad que está arraigada en todas las personas y que cada vez se acentúa más, la violencia. En realidad, la violencia pertenece al ser humano, la llevamos dentro, somos cada uno de nosotros una bomba de relojería; en la medida que una persona no está pacificada consigo misma y no sepa abreaccionar la violencia siempre será un agresor potencial, hará daño a los demás y se hará daño a sí mismo. Además, ante una persona violenta que no sabe abreacionar la agresividad para transformarla positivamente, sino que la canaliza destitutivamente en forma de violencia, nada ni nadie nos salvará de ella. Existen muchos mecanismos para abreaccionar la violencia, entre ellos debe procurar ser defensiva, proporcionada, verbalizada y pacífica. ¡Sí, pacífica! La violencia genera violencia y no se la combate con guerras. En fin, EEUU y sus «aliados» deberán rendir cuentas de su implacable e ilógica lógica del mal aplicada en la invasión a Afganistán y a otros países del mundo de forma violenta, aun cuando bien saben que la violencia jamás será la solución a la inequidad.    

Jorge Benítez Hurtado

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