64 años de fe, oficio y amor: la historia de Dina e Isauro

Tienen ocho hijos: Edilma Margoth, Carmen Cecilia, Anita Bertha, María Alexandra, Carmen Fabiola, Wilson José, Walter Isauro, Daniela y Pedro Saúl.

Juan Agustín Luna Rengel

ESPECIAL PARA HORA32

Unidos por la fe y el compromiso: Don Isauro Cevallos y Doña Dina Luna, 64 años caminando juntos tomados de la mano en Quilanga.
Unidos por la fe y el compromiso: Don Isauro Cevallos y Doña Dina Luna, 64 años caminando juntos tomados de la mano en Quilanga.

Rendimos un justo y emotivo homenaje a Doña Dina Luna Briceño y Don Isauro Cevallos Rojas, quienes celebran 64 años de matrimonio, trabajo honrado y entrega a su familia y a nuestro cantón.

Hay vidas que no se miden por el estrépito de los grandes títulos, sino por la constancia con la que se edifica la dignidad de un hogar. En Quilanga, hablar de Doña Dina Fabiola Luna Briceño y de Don Isauro Cevallos Rojas es recorrer las páginas de una memoria compartida, donde el trabajo honrado, el susurro de la máquina de coser y las manos firmes del obrero y maestro peluquero se entrelazaron para sembrar un legado de seis décadas.

La vida de Dina emerge en el hogar de Juan Luna y Carmelina Briceño, mientras que la de Isauro en el seno de Nicanor Cevallos y Celidonia Rojas. Hijos consagrados a las labores agrícolas y del hogar cuya semilla dio fruto en sus hijos e hijas.

Matrimonio

Corría el mes de septiembre del año 1962 cuando ante el altar de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Quilanga, con la bendición del recordado presbítero Segundo Maldonado, Dina e Isauro se dieron el sí definitivo. Ella, nacida un 29 de junio de 1942, y él, un 10 de julio de 1940, iniciaron allí un recorrido que este 2026 alcanza la venerable cifra de 64 años de matrimonio; una hazaña de fidelidad y entereza en un tiempo que suele olvidar las promesas largas.

Doña Dina hizo del hogar un templo de sabiduría y cobijo. Al afán cotidiano de ser madre y ama de casa, sumó la paciencia del hilo y la aguja. Su taller no fue solo el espacio donde vestía a las familias del sector, sino una verdadera escuela donde decenas de jóvenes mujeres aprendieron el oficio de la costura, encontrando en las enseñanzas de la maestra Dina una herramienta con la cual valerse en la vida.

Por su parte, Don Isauro representa al hombre de trabajo incansable. Muchos lo recuerdan al frente del servicio de energía eléctrica, sorteando las dificultades técnicas de los primeros años, y más tarde como servidor de los municipios de Gonzanamá y Quilanga, institución donde obtuvo su merecida jubilación. Pero Don Isauro también supo sostener la tierra, cultivando el pan diario en su querido terrenito de La Panuma, y ejerciendo con pulso maestro el arte de la peluquería, siendo hoy el último representante de esa estirpe de barberos tradicionales que peinaron a generaciones enteras en el pueblo.

Familia

Juntos levantaron una familia sólida y generosa que dio frutos en ocho hijos: Edilma Margoth, Carmen Cecilia, Anita Bertha, María Alexandra, Carmen Fabiola, Wilson José, Walter Isauro, Daniela y Pedro Saúl.

La vida y sus caminos llevaron a cuatro de ellos a echar raíces al otro lado del océano, en la distante Londres, donde formaron sus propios hogares sin perder jamás el hilo invisible del afecto y las raíces quilanguenses. Hoy, esa semilla multiplicada en 25 nietos y 16 bisnietos es el mayor tesoro que adorna la casa paterna.

El tiempo ha dejado sus huellas. La tía Dina enfrenta hoy sus achaques de salud, pero lo hace con la fortaleza de las mujeres que han sabido luchar toda la vida. A su lado, firme como el primer día, Don Isauro la acompaña en esta etapa donde la unidad, el amor y la presencia constante de los hijos que están cerca —así como las visitas esperadas de los que vienen de lejos— transforman el cansancio en gratitud.

La historia de vida matrimonial de Dina e Isauro cuyas promesas de fidelidad y “amor hasta que la muerte los separe” fueron renovados este sábado, 3 de octubre de 2026, es un testimonio vivo que nos devuelve la fe en lo esencial: la lealtad, la vocación por el oficio y la certeza de que el verdadero éxito consiste en mirar atrás y ver a toda una familia caminando junta, con la cabeza en alto y el corazón lleno de gratitud.

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