¿Y el Estado?

La historia del Estado en América Latina es paralela a la consolidación del capitalismo. Muchos coinciden en que el nacimiento del Estado es una exigencia del que necesita de una institución que dirima los conflictos, que ordene las dinámicas sociales, y que regule o controle, pero siempre con la apariencia de apuntar a un bienestar común. Es un reflejo de la sociedad misma, de su composición asimétrica y desigual. Muchos lo piensan como la posibilidad legítima de dominar, otros como el instrumento necesario para una construcción diferente de la realidad. El manejo del Estado puede ser muy efectivo cuando se privilegia una perspectiva social, y no la perspectiva económica, por ejemplo, cuya diferencia radica en lo que hoy todos quieren dar por muerto: la ideología.

Lo público, lo colectivo, lo que nos pertenece a todos, no se puede atener a miradas privatizantes, individualistas, y con perspectiva comercial. Quien maneja la institucionalidad estatal de cualquier país, debe velar por los intereses más altos de la existencia de toda república: la vida de su gente. Y la vida de todos, no es simplemente la reproducción del dinero, la inversión de ellos, y la ganancia que se obtiene. Las miradas empresariales, si por ellas fuese, no darían ni educación pública, ni salud pública, ni fomentarán la cultura. El mercado implica competencia, ganancia, y lucro; la sociedad necesita de mucho más que eso. Nuestra región, si bien la más desigual del mundo, ha sabido plantear las más interesantes reformas a la estructura del Estado como institución histórica, y es necesario, seguir dibujándolas para que la política devuelva las posibilidades de una vida decente y tranquila.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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