Una reserva de sabiduría

Recuerdo que cuando era niña solía conversar largas horas con mi abuelita, escuchar sus fascinantes historias significaba quedarse maravillado y con ganas de seguir escuchando más, seguir sus consejos era cosa de todos los días, solía verla trabajar, esforzarse, en ocasiones la veía caer agotada y en otras la veía levantarse llena de vida y energía; compartía con las vecinas, hacía bromas con sus clientes, siempre la vi incansable, siempre admiré su fortaleza y su forma de ver la vida, siempre la sentí llena de amor al prepararnos los postres en secreto para sus nietos, la vi afable, amorosa y con mucha templanza, la vi siendo ejemplo, la vi inculcando valores, fue mi cómplice, mi confidente y mi consejera.

La influencia de los “abuelitos” en nuestras vidas es trascendental, sin dudarlo contribuyen a la educación de sus nietos, los abuelos son aquellas personas que se convierten en seres entrañables, inolvidables; los abuelos huelen a amor y ternura incondicional, huelen a cariño, confianza y mimos, los abuelos saben de esas miradas cómplices y conocen muy bien esos juegos permisivos y comprensivos que tanto disfrutan sus nietos.

En tu memoria abuelita, ya son 12 años de tú partida, tu mayor regalo son las raíces que nos diste y las alas para volar que nos tejiste; gracias por esa conexión y esa sintonía única e inquebrantable.

Disfrutemos de los abuelos, representan la sabiduría que se perpetúa de generación en generación y que nunca se olvida.

Patricia Carrión Pilco

patbethc@hotmail.com