Es inentendible el asunto político y la clase que lo representa, gobernar no puede, pero rapiñar si quiere. Para algunos ciudadanos personifica la escoria de la sociedad, ya que sobre ella recae lo burdo e ignorante que la misma representa, sin duda es el reflejo de cómo piensa la gran mayoría.
No se puede ser ciego ante este tipo de sucesos, ya que afectan a la gran mayoría, así como a cada acto que en la sociedad se efectúa. La historia es clara en cuanto a este tipo de problema, desde los inicios de la civilización, los pactos y tratos sucios han estado en el orden del día, anterior a esto primaba la ley del más fuerte, claro está, que en algunos países aún existe este tipo de aberraciones.
Latinoamérica es un caso especial y Ecuador no es la excepción, ni derecha, ni izquierda nos salvaran, ya que de todo hemos experimentado o lo hemos observado, desde el radicalismo conservador de derecha, hasta el izquierdismo comunista, sin olvidar, la mezquindad y corruptela de los manos limpias y corazones ardientes, y los resultados, han sido los mismos, mayor pobreza, menos desarrollo y más hambre, y la clase que gobierna ¡bien gracias!
Tacharan mis palabras como resentimiento social, porque para los epítetos, la demagogia emana como crisol en las tarimas y medias noches. Sin duda, los políticos son el mayor insulto a la razón y la jerarquía de la delincuencia organizada.
Solo imaginar, durante años se ha censurado a la Asamblea Nacional y en la actualidad a quien representa, una vergüenza, y este es el reflejo que mostramos al mundo. Ya nada debe sorprendernos, si todavía hay gente que hace pactos y cree en la inocencia del innombrable y su sequito de prófugos, que podemos esperar.
Pablo Ortiz Muñoz
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