La credibilidad al gobierno, y demás instituciones del Estado, está bordeando el 10 % y le importa un pito al mandatario.
Pues claro que le importa un pito. Él representa los intereses de los banqueros, sí, de aquellos que viven a expensas del dinero ajeno por concepto de intereses y transacciones. Es sumiso a los dictámenes del FMI y promueve el neoliberalismo que afecta a las mayorías poblacionales. En estos días se cumplen reuniones entre la jefa de la misión del FMI para Ecuador, Ceyda Oner, y el representante del FMI en Ecuador, Jorge Salas, para revisar el avance de las metas que debe cumplir el gobierno de Ecuador en el marco del acuerdo de crédito por USD 4.615 millones, firmado en septiembre de 2020… si el gobierno de Guillermo Lasso cumple las metas pendientes del programa, el FMI realizará el último desembolso de USD 700 millones en diciembre de 2022 y el acuerdo se cerraría, pero ese dinero no está previsto para el sector social.
Le importa un pito que los jóvenes no tengan acceso a la universidad; que no haya infraestructura educativa, que se cercenes los derechos y conquistas de los maestros y trabajadores; que no haya fuentes de empleo; que la mafia organizada, que los carteles, asesinen a gente inocente y pululen por las calles. Le importa un pito que el IESS esté en crisis y siga siendo considerado un botín político, que no haya medicinas en los hospitales.
No le importa que durante los primeros nueve meses de 2022 se haya incrementado en más de 1.000% los migrantes ecuatorianos, rumbo al sueño norteamericano.
Es evidente que a este gobierno le quedó grande el sillón de Carondelet, que le importa un pito la vida de las familias ecuatorianas, que ha demostrado incapacidad para resolver los problemas principales que demandan los trabajadores, pueblos y nacionalidades indígenas. Si no hay trabajo, educación, salud y seguridad ciudadana, cualquier rato se desarrollará otro levantamiento popular para ser escuchados.
Remo Cornejo Luque
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