Guardar en el corazón el valor de la amistad, ha sido una característica especial de quienes por largos años fuimos fuente de ciencia y formación, en las aulas del legendario Bernardo Valdivieso, institución en donde, por cerca de tres siglos, se ha forjado la historia, la cultura y la educación de Loja.
Desde el año 2012, aproximadamente, un centenar de docentes bernardinos, luego de cumplir con los requisitos legales, nos acogimos a los beneficios de la jubilación, tomando este espacio como una nueva forma de vida, alejada de las responsabilidades propias de un docente activo en el aula de clase. Es cierto que, en el momento de desvincularnos del plantel, la despedida transformó nuestro corazón en un acopio de nostalgia.
Desde entonces, el segundo jueves de cada mes, los jubilados bernardinos, para mantener latente los lazos de confraternidad, nos reunimos para dialogar, abrir el archivo de anécdotas, hacer arte y poesía, concluyendo con el clásico café con tamal.
Todo venía muy bien hasta marzo del 2020, cuando nos reunimos por última vez. Apareció el letal coronavirus que vino a cambiar la historia de nuestra existencia, primero con un confinamiento de convento, luego con ciertas libertades, pero siempre con restricciones que no nos permiten volver a la vida de antes, y como están las cosas, tardará aquello algún tiempo.
Por eso, el jueves 21 de enero, utilizando la aplicación zoom, con la motivación de Vicente Jaramillo, provocamos una reunión virtual entre los exdocentes bernardinos. La verdad que el hecho de vernos a los tiempos generó una serie de intervenciones recargadas de gratas emociones, muy bien matizadas con las canciones que nos ofreció Carlos Rodríguez.
Inolvidable resultó el reencuentro bernardino, esta vez virtual, como testimonio de que la amistad y el compañerismo perdurarán por siempre, a la espera de volver, quizá pronto, a nuestros clásicos cafecitos de cada mes.
Darío Granda Astudillo
dggranda@gmail.com