Loja es maravillosa con los recursos que tiene, pero está desquiciada; el sistema político debe dialogar más, bajar los decibeles y dejar las vanidades humanas. La unidad con la diversidad vale más que la disidencia táctica. Martín Fierro decía: «Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera»
Necesitamos encontrar el camino que haga sustentable lo más importante, la unidad, porque desunidos somos juguetes de la historia. Si algo hemos aprendido a lo largo de estos años es que la izquierda nos divide por ideas y la derecha por intereses. ¡Esto no nos puede seguir pasando!
Nos urge un pacto histórico alejado de fanatismos. Porque el fanatismo envilece, porque es generador de odio y el odio es una postura muy negativa del ser humano y tremendamente destructiva. Y es que el odio tiene algo en común con el amor y es que es ciego. Eso en la alta política es un mal mayor, porque nos llena de imbecilidad y trasladamos al presente los odios y frustraciones de algo que pasó, en lugar de cultivar lo que va a venir. Por eso a Loja le conviene la reconciliación. El problema es lo que viene, no lo que ya pasó; el porvenir y si uno se deja embeber y enceguecer por el pasado se olvida del valor que tienen los que vienen. Si no podemos dejar una mejor ciudad, por lo menos intentemos que no sea peor. Ante esto Octavio Paz nos deja una gran reflexión: «La inteligencia al fin encarna, se reconcilian las dos mitades enemigas, y la conciencia-espejo se licúa, vuelve a ser fuente, manantial de fábulas: Hombre, árbol de imágenes, palabras que son flores que son frutos que son actos».
Andrés Sigcho
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