Escuchamos en una entrevista radial al exconcejal Darío Loja, hoy candidato a prefecto, calificar con un dígito (4) a la actual administración municipal. También leí en un diario local a un columnista que calificaba como “el peor cabildo que ha tenido Loja”, con excepciones. Por ello vecinos de la parroquia han dicho que si se va la alcaldesa deben irse todos. Por lo pronto ya se fueron tres, pero como candidatos a las principales dignidades seccionales. Otro trío se irá, rechazan la calificación de 4, por eso desean la reelección para subir al menos 1 dígito.
Estas mediciones y calificaciones surgen luego del fallido intento de destituir a la alcaldesa, Patricia Picoíta, por supuesto incumplimiento de funciones. Y en la sesión extraordinaria para iniciar las instancias legales. No pasó nada. Hubo confusión, desinformación y una obligada suspensión. Luego sucedió un hecho gritantemente vergonzoso, que obliga a la alcaldesa, que estuvo presente, a tomar los correctivos urgentes; y garantizar la gobernabilidad en el municipio.
Lo dicho y sucedido es un claro mensaje para el ciudadano que obligatoriamente debe ir a las urnas el próximo 5 de febrero para elegir a las nuevas autoridades seccionales. Sobre todo, a un alcalde que esté a la altura y visión del merecido futuro que sueña Loja. Que con capacidad y honestidad responda al mandato de un colectivo que está vivo y deseoso de coadyuvar en la gestión de un buen servidor político.
En cuanto a concejales, lamentablemente nos han robado el derecho de elegirlos democráticamente. Nos obligan a votar en plancha por una sola lista, impidiéndonos elegir a los mejores y tener un buen cabildo. El método actual nos obliga de mala gana a poner una raya vertical en una sola lista. Y luego, esperar que la próxima administración municipal no sea un reprise de la actual, calificada del 1 al 20 con un solo dígito (4).
Adolfo Coronel Illescas